O Sorece II Antes me caía todo el tiempo. De pequeña dejaron de comprarme lentes porque los pasaba quebrando gracias a mi afición por el suelo. Mi pie, cual pampa guanacasteca, me tiraba hacia el duro abrazo de las aceras, los salones y los patios del mundo para que aprendiera pronto a lidiar con las sensaciones calientes de la pena y el ridículo. Ridícula. Que palabra fea. Como decir sin sentido, pero yo me caía con todo el sentido del mundo. Como cuando me tropezaba en las calles de lastre y me incrustaba miles de piedritas en las rodillas y mami venía a quitármelas una por una mientras yo pegaba gritos. Luego partía una hoja de sábila y me la ponía entera sobre el raspón. La babita le hace bien , me decía y me regañaba porque lloraba mucho: ya no sea ridícula Pero tiene sentido caer cuando está prohibido llorar. __________________ Como a mi mamá, a mi abuela, y supongo que a todas las cocineras de mi linaje, me hiere profundamente el orgullo cuando ...